El lío continúa: Autoeditar

La última vez que hablé de mi experiencia personal para llegar a ser escritora, me referí al momento en el que decidí editar y publicar por mi cuenta.

Vamos por partes.

La autopublicación es el concepto más conocido en este mundillo. Ya, si no la mayoría, casi, todos publicamos así. Somos auto. Por eso no voy a hablar mucho de esto, ya hay 800 blogs que explican muy bien como autopublicar con Amazon (es lo que he hecho yo) y otras 800 editoriales que lo cuentan genial también.

Pero, ¿y la autoedición?

Hay que investigar un poco/mucho antes de decidirse. Yo lo hice. Todo lo que encontré en la red está escrito para convencerte de que practicarla es un error. ¿Motivo? Por lo visto, un@ no es capaz de corregirse a sí mism@. Lo que pasa es que esto lo dicen un montón de editores independientes que tienen su propio blog profesional donde te venden sus servicios como… editores independientes.

Bueno, pues yo hice la prueba. Envié a varios editores una muestra del manuscrito para que me hicieran una prueba de corrección. Lo que me mandaron se parecía demasiado a lo que me había sucedido con la editorial con la que iba a trabajar inicialmente. Se lanzaron directos a corregir, sin preguntar nada. Qué decepción, otra vez. Que los adverbios que terminan en -mente no son recomendables, por ejemplo… Pero es que este personaje LOS USA UN MONTÓN PORQUE HABLA ASÍ. Si no lo preguntas, no lo puedes saber. Yo debo ser rarísima, porque sigo sin entender una corrección editorial sin conocer previamente la trama y la intención de quien escribe.

Conclusión: que ya me autoedito yo.

Cuando te decantas por la autoedición se te abre un abismo de incertidumbre que consiste en entender qué significa de verdad autoeditarse. Es decir, qué tengo que hacer para hacerlo todo. Yo lo resumiría en cuatro áreas de trabajo, a saber:

  1. Corrección ortográfica: esta, a su vez, se divide en dos tipos:
    • La básica: es ese tipo de corrección que hemos hecho todos en el colegio. Aquello de “todos los verbos acabados en -bir se escriben con b, excepto hervir, servir y vivir” y “la m se escribe delante de la p y la b”, por ejemplo. Para esta corrección súper básica te ayuda lo que aprendiste en clase de lengua, el corrector de texto y la revisión ortográfica de tu procesador de textos (yo soy de office pero aquí no discriminamos a nadie). Es muy importante hacer caso del subrayado rojo y corregirlo; un poco menos del azul, este solo hay que revisarlo. Parece una chorrada monumental, pero hay que hacerlo, porque el otro día se gastó mi madre su dinero en un libro infantil autopublicado que… En fin, había tantos errores que lo hemos reciclado. Una pena.
    • La avanzada: aquí hay que tener la página web de consultas de la R.A.E. ya lista, para consultarlo todo. ¿Qué se consulta? Las cosas que aprendiste a los 10 años, pero es que ya han pasado taitantos y se te han olvidado; o las reglas nuevas, que a veces las cambian (solo ya no lleva tilde, nunca, nunca; y alguna otra…). Distinguir entre porque, por que, porqué y por qué (y similares) yo me lo sabía muy, muy bien de pequeña; a estas alturas, de tanto en tanto dudo. Pues a la R.A.E. que voy… Lo peor de todo, los leísmos/laísmos/loísmos. Uf, qué cruz. Sobre esto hablaré más en otro momento, que hay que ver qué guerra me ha dado…
  2. Corrección de estilo: ah, sí, el estilo, por muy propio que sea, hay que corregirlo. Es inevitable repetir construcciones frasales (“de modo que”, es una muy mía), o usar el mismo verbo una y otra vez, como los verbos de expresión (los verbos de decir, que se usan sobre todo en diálogos). Algo que yo hacía mucho y he corregido en la versión final de ‘Reinicio’ era explicar todo el rato las formas de expresarse asociadas a una frase. Aclaro con un ejemplo: no hace falta añadir “exclamó iracundo” a una oración que va entre signos de exclamación e incluye un par de insultos. ¿A que no? Pues eso. Cuando dedicas tiempo a la corrección de estilo descubres tus redundancias como escritor, y es hasta divertido buscar cómo corregirlas.
  3. Maquetación de la tripa de la obra: esto no es solo el manuscrito. Aquí hay que incluir las páginas de cortesía, la de derechos, la portadilla, etc., etc. Hay que estudiarse muy bien que adicionar al manuscrito, y para eso lo mejor es coger un libro de tu biblioteca y tomarlo como ejemplo. Es sencillo, pero es un trabajo. Si el manuscrito ya está escrito, hay que comprobar que los márgenes son los adecuados para los formatos que suelen tener las novelas impresas. Yo tenía ya un manuscrito terminado, y adaptarlo al formato de Amazon me ha llevado su tiempo, invertido sobre todo en ajustar el texto (líneas huérfanas, líneas huérfanas, guiones automáticos y guiones opcionales, etc.). A mí me sirvió mucho leer a Mariana Eguaras porque lo detalla todo fenomenal. Si se empieza de cero, lo mejor es bajarse una plantilla (Amazon KDP tiene las suyas propias, por ejemplo) y quitarse de problemas desde el principio.
  4. Maquetación de la portada: cuidado con esto porque no es solo la portada. Es también la contraportada y el lomo. Yo he usado Canva para la parte técnica, que funciona genial. Luego redimensioné los ficheros de Canva a los tamaños de KDP y los monté en la plantilla que este ofrece. Lo que más me ha costado y donde más me he dejado los ojos ha sido en encajar bien las tres partes para que luego se vean bien (que estén centrados, que el texto tenga un buen tamaño, etc.) en el previewer. Pero vale la pena, la encuadernación ha quedado muy chula. Hacerlo tú mismo te da también la oportunidad de diseñar la imagen de tu novela. En mi caso es algo esencial porque yo voy a publicar una serie (otros dirían saga) de cinco libros, por tanto la imagen de todos deben ser tener un nexo común, ese aire familiar que tienen los hermanos… Podéis ver el diseño de la serie completa en la entrada El día se acerca o en la Galería del blog.

La única ayuda externa que he pedido, con el fin de asegurarme de que la corrección estaba bien hecha y de que la historia era buena (y no solo en mi cabeza) ha sido la de mi lectora cero (también llamada beta), mi genial prima Karen Suárez, otra artistaza de la familia (puedes pinchar sobre su nombre para comprobarlo). Karen es super detallista. Cualquier cosa que no funcionara me lo iba a decir, y lo ha hecho. Después de su lectura he tenido que hacer algún cambio más, así que los fallos que pueda haber en la primera edición de ‘Reinicio’ no serán culpa suya…

Voy a recalcar ahora que esta es mi experiencia personal. Si no te apañas técnicamente para alguna o ninguna de estas cosas, claro que alguien profesional te va a ayudar. Yo, por suerte y gracias al que ha sido mi trabajo durante más de 20 años, sí me apaño. Y, por encima de todo, me hacía muchísima ilusión ocuparme de todo el proceso, de principio a fin. Poder decir que todo es mío, que ha salido de mi cabeza, y que el resultado (mejor o peor, ya me lo dirá quien me lea) se debe a mi esfuerzo. Pues es un subidón.

Yo, desde mi experiencia, quiero animar a quien dude a que se atreva. Es un proceso trabajoso, exigente, pero absolutamente satisfactorio.

Y el lío continúa…

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