#Inktobersuma

Día 1. Los vampiros salen de noche

Observo desde el mirador a la nueva hornada. Vampiros jóvenes que salen en grupo, en pleno día, bajo la insufrible luz del sol. Quieren ser como los mortales, qué idea tan descabellada… Los mortales mueren por vicios y enfermedades. Nosotros, los vampiros, somos la última gran creación. Su actitud es un insulto para nuestros mayores. Pero aún no es tiempo para la ira, tenemos mucho que hacer. Dejaré que salgan en tropa desordenada por las calles, que se mezclen con ellos. Más tarde, cuando caiga la noche, el sol morirá y ellos serán todos míos, pues mi nombre, nunca lo olvides, es Ater Nox, La Noche Oscura.

Día 2. Con la luna aúlla el medio lobo

El careto de Ater es un poema. Hay qué ver cómo nos mira, encaramada allí, en lo alto, como una gárgola. Esta prima mía es un caso, aún se cree la muy tonta que vivimos en la Edad Media. Ah, qué tiempos… Cómo los echo de menos, cuando todo hijo de mortal se cagaba de miedo solo con nuestras pintas. En fin, hay que adaptarse. Basta con verme a mí, vestida como una payasa para pasar desapercibida entre tanto colmillo. Lady Nox, la Delicada, me ha hecho un encarguito muy particular. “Likya, es preciso…”. No sé si llegaré: la luna está a punto de salir y voy a ponerme a aullar. Es lo que tiene ser una mujer medio lobo.

Día 3. Las cicatrices de la bruja

Cada tres de octubre me acuerdo de Torquemada, su alma arda en lo más profundo del infierno. La tortura de la Inquisición me dejó unas cicatrices que duelen en cada aniversario y supuran cuando hay peligro. Hoy el pus es mucho más abundante… Será porque tengo a Albus Nox desnudo en mi cama y su hermana Ater ha enviado a su loba para que lo rescate de mí. Mientras lavo mi cuerpo por tercera vez, Albus bebe la pócima que le protege del sol. Sé que me la ha robado y que se la ha vendido a su pandilla de chupasangres, pero no me importa. Yo haría cualquier cosa por él. Incluso acabar con toda su familia…

Día 4. Fantasma invocado, poder otorgado

“Lemura Mens, acude a mí”. Desde que Heka, la bruja, halló el modo de invocarme, mi descanso eterno carece de paz. Oigo su voz insistente, irresistible, que se incrusta en mi interior como si todavía tuviera un cerebro que manipular. Sé bien qué quieres, Heka Kost. Maldita la hora en que este don me fue otorgado antes de mi nacimiento. El mismo día en que vi la luz del mundo por primera vez, vi también este momento. El rostro de la bruja, sus ojos verdes encendidos, su cabello flamígero flotando al viento. Y el rostro de su víctima, tan dulce como temible. La poderosa Ater Nox, sucumbiendo a mi poder.

Día 5. La calabaza humana

Para que Heka cumpla mis deseos, me basta con pasearme desnudo por su casa. Ella cocina su pócima para mí y los míos mientras sus ojos me recorren entero. Lo que suele ser una diversión, hoy es incómodo. La mente de mi medio hermana sobrevuela la mía, observa todo lo que pienso y hago y toco. Qué inconveniente, justo en el Día de la Invasión. Las hordas ya han salido… Y con ellas, la prima Likya. Oh, Ater… La Loba se desvía y toma el Camino de la Bruja, pero Heka es más rápida: con un ensalmo, me fusiona con lo primero que encuentra. Likya ya no puede verme ni olerme: soy una calabaza humana.

Día 6. La magia del anillo

Por amor del Herrero, cómo se puede ser tan memo. 
Te creíste encantador y la Bruja te engañó.
¿Lo olvidaste, Albus Nox? Donde vas tú, voy yo.
Tu hermana, la más lista, tenía todas las pistas.
Mas, mutado en calabaza, ¿dónde queda ya mi magia?
Encajado en tu dedo, para las dos yo fui el cebo.
La Loba no puede hallarme, ni la Vampira encontrarme.
Qué desperdicio de día, ¿quién detendrá la profecía?
Si con Ella no regreso, os convertiréis todos en hueso.
Ay, Albus, cabeza loca... ¿Y si tu especie así destrozas?
  

Día 7. La copa sin misterio

Ater Nox, Noche Oscura, la profecía está oculta.
No preguntes, no me insistas; pues he perdido la vista.
Sin mi Anillo estoy ciega, las palabras ya no llegan.
El misterio desaparece, las respuestas se desvanecen.
¡Maldito sea tu hermano¡ !Maldita sea su mano!
El destino del vampiro es confuso, un desatino.
Se extravían mis poderes, huyen de mí mis saberes.
Mi verso se tuerce, ya no rima.
El sueño ahora es pesadilla.
Estás sola... Ya no hay guía.

Día 8. La loba, la furia y el hambre

La luna me ha transformado en loba y he perdido el rastro del principito. Peor aún, he perdido el anillo de vista. Ater se va a poner furiosa, me cago en mi estampa. Le va a dar igual que seamos familia, porque no le importo una mierda. De esclava me tiene, detrás del cretino de su hermano. Baja tú de tus alturas y vete a por él, no te jode… En mala hora apareció la Bruja en la fiesta. Directa fue, a por Albus, su ego tamaño castillo y su índice luciendo joya. Y ahora babeo: me muero de hambre. Pero no puedo comerme a ninguno de estos porque la pócima de la bruja no es para lobos… Genial, Likya, ya estás muerta.

Día 9. La polilla en el armario

Estoy despierto y está oscuro. Sé que ya no soy una calabaza porque ya no me siento redondo, ni blando, ni naranja. Me siento imbécil… Cómo me he creído sus mentiras con tanta facilidad, es algo que no puedo explicarme. La conexión mental con Ater ha vuelto, aunque débil. La de Likya se ha borrado por completo. Sé que aún me buscan las dos, pues todavía llevo el anillo mágico. El anillo que mis dedos no sienten, porque no tengo dedos. ¿En qué me ha convertido ahora esta bruja endemoniada? Se abre una puerta, entra la luz, veo un espejo. Me veo a mí. Muevo las antenas y las alas. Soy una polilla en el armario de una bruja.

Día 10. La araña en su telaraña

A Mamá Heka le gustan mis telarañas. Me saca al jardín y me deja comer bichos. Mamá Heka solo tiene dos ojos. Antes me daban miedo, ¡porque son gigantes!. Son verdes como las hojas y brillan como esa bola redonda que sale en el cielo de noche. Mamá Heka dice que se llama luna. Mamá Heka tiene el pelo naranja como las rayas de mis patitas. Digo las de delante, las de atrás no lo sé. Mamá Heka me ha traído un regalo. Dice que me lo merezco porque he crecido mucho. Era una polilla que ha sacado del armario. Estaba muy rica, pero me ha hecho vomitar y, ¿sabes qué?: ¡Me ha salido un anillo de la boca! ¿¡A qué mola!?

Día 11. La rabia del murciélago

La rabia en mi corazón muerto es ardiente y lo consume entre llamaradas. En cambio, las lágrimas en mis ojos dorados están heladas y cortan como cuchillos. El último grito de mi amado hermano, preñado de terror y arrepentimiento, resonará para siempre en mi memoria, aunque a oídos del mundo fuera mudo. La luna ha salido y está llena. Likya la Loba aúlla de dolor, cantando el lamento de todo el clan: la sangre es sagrada y no se derrama. Maldita bruja, te mataré como lo que eres. Mutada en murciélago, vuelo en la noche. Voy a por ti, Heka Kost.

Día 12. El encanto de la espada despertará

Lady Nox sufre por su hermano, arrebatado por el engaño de la Bruja. ¡Qué suplicio, no poder consolar a mi ama querida! Cierto es que el niño Albus nunca fue el mejor de su especie, bien lo sabía su señor padre. Mas esa tortura innecesaria, ese asesinato tan cruel… ¡Ay de ti, Heka Kost! Mi señora te hará suplicar la muerte, aunque tu fin no será más digno del que tú ofreciste a nuestro niño. Ya percibo las alas del murciélago, batiendo poderosas camino de mi castillo. En cuanto mi señora tome mi pomo y me alce al cielo, mi encanto despertará. Luego, cuando demos contigo, mi filo te atravesará y tu especie sucumbirá.

Día 13. Monstruo en llamas

Hoy mis cicatrices vomitan pus. Vampiro y Espada surcan el cielo estrellado. Hacia mí. A por mí. El pus quema mi piel, mis ojos, mi cabello. Se transforma en el fuego del averno al que pertenezco y cubre todo mi cuerpo. Soy un monstruo en llamas. Ardo como la hoguera a la que me condenaron, flamígera, violenta. La Noche Oscura oculta toda luz y toda sombra. Cae sobre mi casa, iracunda, y hunde su espada. Ni todos mis ensalmos juntos son capaces: su poderoso encanto saja mi piel, arranca mis ojos, desuella mis huesos. Mi mente vive hasta el final. Cuando se apaga la última llama, solo quedan mis cenizas.

Día 14. Las ruinas de una especie

Los alaridos de las brujas hacen temblar los corazones de punta a punta del planeta. Entre los restos de mis paredes, las cenizas de la que un día fue la grandiosa Heka Kost se mecen con el viento que levantan las llamas que me envuelven. Mis ruinas son las de toda una especie, aniquilada por la furia de una inmortal herida, como herida estaba mi señora Heka. Ella no escuchó mis ruegos, fue imprudente, fue ambiciosa. Heka Kost jugó con poderes arcanos que no sabía controlar. Sus hermanas mueren en agonía por su causa, y el legado de las brujas, como mi existencia, se desvanece para siempre.

Día 15. Bosque lúgubre de niebla y nieve

La brisa mece los jirones de niebla que decoran mis ramas secas. Insectos minúsculos de mordedura fatal se pasean por ellos entre graznidos y rumores. Siento que la nieve que viste mi suelo de blanco ya no es tan pura. ¿Quién perturba mi pacífico Yo? Lemura Mens regresa, rota en pedazos. La Espada Encantada destrozó su profecía y, con ella, el fino hilo que la ataba a este mundo. Ahora vuelve a mi lugubridad para terminar de morir. Mis muchas raíces la acogen y se deja acunar. Los luminosos cabellos se apagan, la entidad etérea se difumina… Lemura se ha ido. No importa: hay otros espíritus…

Día 16. La tumba del padre

A nuestro alrededor fenecen colores, olores, sonidos. No hay vida donde se acumula la muerte. Para los inmortales, somos reposo. Para los mortales, su mayor miedo. En mi cámara subterránea descansa el padre de la que llora una pérdida. Empapa con sus lágrimas frías mis piedras, que absorben su dolor como si las alimentara. El padre se remueve dentro de mí: la pérdida de su hija es la suya propia. Percibo como su paz concluye para dar paso a la furia que le despertará. “Ater, he regresado”. La toma de la mano con una mano untada en tierra de cementerio y se yergue. Vasilaas Nox gobierna de nuevo.

Día 17. La sangre en la runa

Siglos han transcurrido desde la última vez que Vasilaas Nox requirió de mis servicios. Cual corona me adorna la última gota de su sangre ponzoñosa. El repositorio de su inmortalidad he protegido a la vista de todos. Como un simple trozo de cristal incrustado en la piedra donde fui grabada lo he mostrado hasta hoy. Al fin, ante mis bucles y revueltas se presentan los Nox: el padre del brazo de la hija. Débil uno, dañada la otra, igualmente furiosos ambos. Restos del joven hijo no hay, retornarlo ya no pueden. Eterna es la venganza que desean cobrarse. Roza Nox la runa familiar. Se agita la sangre.

Día 18. Pirata bajo el agua

“Denniza Korsan…”. Las olas del mar corean mi nombre con insistencia. Me disgusta que me perturben cuando cuento mi tesoro, y parto de mi reino submarino con fastidio. He contado cuatrocientas setenta y cinco monedas y una Copa Misteriosa. Desecho de mil demonios seas, Albus Nox, me debes veinticinco. Los peligros que enfrenté para robar la copa bien lo valen. Espero que la llamada de las olas signifique que has venido a pagar, o tendré que quedármela. Mis tentáculos pisan la arena y Lady Ater los siega con su espada. Lord Vasilaas sonríe: se nota que está hambriento, pero ya me tiene a mí.

Día 19. Los lamentos de la Banshee

El viento trae noticias desgarradoras. Un fantasma ha perecido en el bosque, la tumba de Vasilaas Nox está abierta. Dos sacrilegios en la misma noche. Preservo mis lamentos para el apellido que es mi dueño, pues pronto me reclamará. No tarda. Vasilaas declama mi nombre arcano en el mirador de su torre. El asesinato de su hijo exige una reparación singular y yo soy el primer aviso. Yo, que soy su presa, solo puedo obedecer. Un torrente brota de mis ojos, y lloro la muerte de Albus Nox. Cuando los instigadores de tal crimen oigan mi grito y sus tímpanos estallen, sabrán que se aproxima su final.

Día 20. Serpiente, nido, colmillo

Bahnsshee krihtah... 
Banppihrossh tehnblan... 
Morttahlessh yhohran...
Kohppah... Annihyhoh... Sshepparahdossh...
Nokssh behnnen... 
Ahtter asshahltah niddoh... Basshilaash tohmah... 
Kriassh haulahdassh... Kolmihyhossh rubbahdossh...
Busshkoh annihyhoh...
Yheboh Nokssh...
Kriassh... Kolmihyhossh... Tohrnan...

Día 21. La calavera del padre

Ater me observa desencajada. No es la mirada que un padre esperaría de su hija, mas la comprendo. Me alcé de la tumba siendo pellejo sobre huesos, no soy una vista agradable. Quiero tomarla de la mano y consolarnos juntos en el duelo por su hermano. Sin embargo, mi piel huele a la misma mugre de cementerio que se ha incrustado en mis uñas. Me crujen las mandíbulas en cada intento de conversar, pues preciso de más alimento para no ser una calavera parlante. Sé que tendré que compensar a mi pequeña por haberla dejado sola tanto tiempo. Al menos, estamos juntos en la venganza.

Día 22. El altar de los Mayores

Vasilaas, querido hijo nuestro, entendemos tu dolor. Ater, querida hija nuestra, entendemos tu dolor. Lo entendemos, lo compartimos… Mas las noticias que traéis sobre la pócima que fabricó esa bruja son terribles, nefastas… Toda una generación de vampiros, contaminada por su magia corrupta… Tantos siglos de equilibrio y convivencia entre especies, destrozados por la ambición de dos seres egoístas… Haced vuestra ofrenda en nuestro altar… Ah, Vasilaas, la hija deberá hacer el sacrificio por el padre desgastado… Ater, ven, hija nuestra, posa tu mano, muestra tu vena…

Día 23. La redención del mago

Las voces de ultratumba de los Vampiros Mayores aún resuenan en mi mente. “Toven Kost, nos te reclamamos”. Debo ir: las acciones de mi hermana me obligan a ello. Heka… El día que se separó del camino marcado por nuestra madre, perdió la marca y firmó su sentencia de muerte. No derramó ni una lágrima, tal era su orgullo. Sé lo que me exigirán los Mayores. La transformación de los jóvenes y el asesinato de Albus han constituido una declaración de guerra que no van a obviar. La redención de nuestra especie depende solo de mí y, para lograrla, tendré que destruir lo que ella contaminó…

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